Gaspar
comenzó a leer el manuscrito de la hermana Clara, Miyagi escuchaba apenas sin
respirar…
¨ Yo, Clara de Montemayor, moribunda y
anciana, dejo mi terrible historia, para quién quiera leerla…
Todas mis hermanas hoy son polvo, como polvo
las piedras del convento donde vivimos momentos de muerte. En aquellos tiempos
era una novicia, apenas contaba con 17 años. Tantos como hermanas, y luminarias
aparecieron en el altar de la iglesia, aquella tarde de verano. La madre superior
Beatriz, pidió oración y silencio, dando a entender que era cada uno de
nuestros ángeles guardianes.
Una noche todo cambio, desapareció una de las
luces, nos lleno de temor y una vez más Beatriz nos rogó silencio y oración. Al
amanecer, la hermana Ana, la más anciana no despertó. Murió al igual que una de
las luminarias. Su ángel guardián, tal vez, la había abandonado para siempre.
Pasó el tiempo, y las luces no
desaparecían, ni en intensidad ni en número…
Llego el invierno, todo ocurrió en pocos
días, aun me tiembla el cuerpo y apenas puedo escribir… un día eran 13 las
luces, otro día eran 11, al día siguiente 9… y tantas luces desaparecían tantas
hermanas morían al día siguiente, la madre Beatriz apeló al obispo el cuál,
declaró el lugar poseído por el diablo.
Abandonamos el lugar, dejando los cuerpos
de nuestras hermanas frías en sus tumbas, la Madre Beatriz fue la última en
morir, pero no pudimos abandonar en tan diabólico lugar, el terror y el miedo
que nos a acompañado toda la vida.
Solo la novicia Marta con tan solo 15 años
y la autora de este texto hemos vivido largos años.
Nunca más volví a ver las luces, nunca
hablé de ellas a nadie… hasta hoy.¨
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